Croqueta

Siempre que lee o escucha la palabra "croqueta" a Juan se le cae el pene. Luego le cuesta dios y ayuda para encajárselo en su sitio como toca. Sus amigos lo saben, y se cuidan mucho de no hablar de cocina delante de él. A Juan no le gustan los rebozados y pasa lejos de la nevera con productos congelados cuando está en el super. Juan sufre cuando lo suyo le viene de imprevisto, como aquella octavilla en su buzón ofertando babarois de chirimolla con croqueta de chocolate líquido y un coulis de frutos rojos en el menú de una cena de Fin de Año. O aquella tarde en el cine viendo Notting Hill. Los médicos no salen de su asombro, pero la madre de Juan se lo ha dicho desde pequeño: 'no debes hacerte tantas pajas'.

El viejo que ama a Pfizer

El médico de cabecera del señor Manuel acaba de cambiárselas por otras más fuertes, pues las del 6 que acostumbra a recetarle ya no le hacen tanto efecto últimamente. El anciano Manuel consigue unas del 8 en la farmacia de su barrio para pasar toda la semana. Ya en casa, se toma la primera: el orgasmo es de gran intensidad y la potencia de la eyaculación supera con creces a las del 6. Mejor de lo que esperaba el pensionista Manuel para funcionar bien el resto del día. El viejo ama a Pfizer, aunque todavía conserve el luto por su querida mujer.

Carreras en la misa de ocho

Misa de ocho en la catedral de Valencia. Cuando el sacerdote invita a los asistentes a darse fraternalmente la paz, una joven exhibicionista corre desnuda hacia el altar y el monaguillo le persigue hasta frenarla. Se despoja de sus vestiduras para taparla y luego sale corriendo exhibiendo su desnudez. Le persigue una feligresa rosario en mano…

Encuesta a pie de calle

Una joven que trabaja en la calle realizando encuestas para una multinacional de sex-shops pregunta a un peatón cuántas veces practica el onanismo a la semana. “Ciento cuarenta veces”, responde mientras saca de su bolsillo un kleenex. La muchacha le pide otro para ella y procede a limpiar las salpicaduras de su falda.

Temporada de setas

Es temporada de setas y una joven se adentra en el bosque vestida tan sólo con una cesta en el brazo. Seta que recoge, seta que coloca con esmero en la cesta. De pronto, encuentra una grande con sobrero granate y puntos blancos. La muchacha, maravillada por tamaño ejemplar, la arranca sin dudarlo un minuto. Papá Pitufo, que vivía debajo, maravillado por tamaño ejemplar, se la folla por detrás sin dudarlo un minuto.