Piluca y los tampax
Una tarde otoñal, Piluca, cansada de pasar tantos días sin probar una buena polla, decide ir al despacho de su profesor de pilates sabedora de que éste va a ser complaciente con ella. Nada más se encuentra con él, le advierte que dispone de 20 minutos, está con el periodo y no tiene tampax de recambio; y le avisa de que va a comerle la polla. Así que sin más demora le desabrocha el pantalón, saca la polla erecta y le pide que se siente en una silla. Piluca no tarda en metérsela entre los labios y su profesor tampoco en mover la cintura para que la pueda degustar hasta el fondo de su garganta, algo que a ella le pone tan caliente que por un instante duda en si follárselo allí mismo reutilizando el tampax. El profesor entonces le mete mano entre los muslos y nota que en vez de coño, Piluca tiene un volcán en plena erupción. Ante tal temperatura, siente un enorme deseo de beber un buen chorro de semen, pero él se niega a correrse si no le acompaña ella. Recibe una de las mejores mamadas de su vida y vé cómo su aventajada alumna coge la puerta y se va, dejándole sentado desnudo con la polla roja y enorme, jurando que a la próxima no se va a escapar de rositas: la violará sin que ningún tampón sirva de excusa y contra su voluntad. Lo que él no sabe es que la verdadera voluntad de Piluca es justamente ser follada por su profe como un animal en celo.
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