La afición de Mauricio
Mauricio adora que le den por el culo. Nunca guarda la distancia personal en los autobuses o ascensores repletos de hombres, aunque reciba numerosas quejas, que él atribuye a que da la espalda a la gente, algo tan desaconsejado en los manuales de urbanidad.
María y su nueva bici
La bicicleta de la joven María tiene mucho éxito entre sus amigas del barrio. Y es que desde bien niña su gran curiosidad le ha ido desarrollando una gran capacidad para los inventos. Incómoda con el sillín de su bici que siempre le hacía rozaduras en las ingles, María decidió coger del cajón de la mesita de noche del dormitorio de sus padres el consolador de su madre y sustituirlo por el sillín. Con su nueva bicicleta ha conseguido ser muy popular en el barrio, hacer muchas más amigas y tener nuevos amigos poseedores de una gran sensibilidad.
El resbalón y el gilipollas
Julia se da un resbalón de muerte cuando salía de la bañera. Yace en el suelo desnuda, limpia y malherida cuando entra al baño su marido que, al verla tendida y tan abierta de carnes, confunde el accidente doméstico con una invitación al sexo. Así que tal y como cayó la embiste con su polla varias veces. Julia no sale de su asombro y se pregunta una vez más en qué coño estaría pensando cuando decidió compartir su vida con semejante gilipollas.
Rodolfo y su flan de huevo
Cada viernes, Rodolfo invita a cenar a su casa a un hombre y a una mujer de su ciudad. Coge el listín telefónico y, al azar, llama a dos casas; en la primera pregunta por un varón y en la segunda por una mujer. E invita a ambos para que se conozcan y follen en los postres sobre la mesa de su salón-comedor mientras se come tranquilamente un flan de huevo. Pero este viernes algo falla: la mujer no desea ser follada por hombre alguno y lo que de verdad le pone es succionar con su coño el flan. Cosa que hace sobre la mesa del salón-comedor de Rodolfo con gran destreza.
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