Camiseta generosa (2ª parte)

Una tarde, la joven Jedrzejczak encuentra tirada a la puerta del Consum una camiseta en la que están estampadas unas letras. Aunque no entiende el español, le gusta y decide vestirse con ella. todavía no ha llegado a la esquina y ya es una experta conocedora de lo hospitalarios que son los de la ciudad con los extranjeros.

Camiseta generosa (1ª parte)

Una mañana soleada, Encarna sale a la calle con una camiseta en la que se puede leer "Invítame a follar, me encanta hacerlo con desconocidos". Todavía no ha llegado a la esquina y ya se ha follado en la misma acera al conserje de la finca, a una mujer entrada en años que se dirigía al Consum y a un grupo de estudiantes de Home English que salieron a la calle a fumarse un cigarrillo.

La señora Sánchez sale de la monotonía

Cansada de repetir siempre la postura del misionero, la señora sánchez decide quitarse a su marido de encima, incorporarse, tumbar en la cama al señor Sánchez boca arriba, salir del dormitorio, buscar al joven albañil que está en su cocina cambiando el suelo, llevarlo al dormitorio, desnudarlo, tumbarlo junto a su marido, comenzar a chuparles las pollas mientras se lleva los dedos a su clítoris, montarse encima de la polla del señor Sánchez hasta hacerle eyacular, montarse encima de la polla del especialista en suelos hasta hacerle eyacular y, para terminar, alcanza un orgasmo de intensidad nada despreciable.

Luisito, su madre, su marido pajillero y el Ratón Pérez

La madre de Luisito, harta de pillar a su marido haciéndose pajas en el cuarto de baño, decide tirar a la basura la colección de Penthouse que éste guarda celosamente escondida. A los pocos días, cuando Luisito se despierta, levanta su almohada y comprueba con sorpresa que el Ratoncito Pérez le ha cambiado su diente de leche por un ejemplar del "especial asiáticas" de Penthouse. Con lágrimas en los ojos, acude a lamentarse a su padre, quien siempre ha sabido cómo consolar a su niño. Así que no duda en darle a Luisito una brillante moneda a cambio de la revista, mientras ruega a Dios que a su precioso retoño se le caigan pronto más dientecitos.