Fotos de viaje
A los tres días de regresar de un viaje organizado al desierto del Gobi me dirijo ansioso a la tienda de fotografía a recoger las diapositivas hechas con mi máquina reflex. Ya en casa, con toda la familia política sentada frente a la pantalla, trato de impresionarles con las instantáneas. Se proyectan una a una, artísticas diapositivas de parejas follando salvajemente, estupendas felaciones en primer plano y mujeres enculadas por hombres bien dotados. Mis suegros felicitan a mi mujer al sentirse orgullosos del yerno que tienen.
Cirugía plástica
Una adolescente acude a la consulta de un cirujano plástico con el último número del Playboy bajo el brazo. Pide al especialista que quiere que le deje como la chica del póster central. La operación dura varias horas, tras la cual la jovencita queda muy satisfecha con el trabajo del doctor. Al salir a la calle, va de mano en mano entre los peatones, masturbándose mientras la hojean.
Cajero automático
Me dispongo a sacar dinero del cajero automático cuando noto en mi espalda la presencia de un hombre de mal aspecto que me exige le dé el máximo de dinero que pueda ofrecerme el cajero. Como me niego, me amenaza con una navaja que empuña en su mano. Le digo que no me asustan ese tipo de armas. El tipo entonces guarda la navaja, se baja la bragueta y saca erecta otra arma más potente. Me apresuro a darle 500 euros del cajero.
Show sobre el Renault oscuro
En la autopista a Barcelona hay un gran atasco debido a un accidente entre un autocar y un turismo. Es mediodía en la peor jornada de ola de calor que sufrimos desde hace 50 años. Sobre la gran caravana de coches parados veo los vapores de las altas temperaturas que causa el sol implacable. De un viejo Renault oscuro, una pareja saca a sus dos hijos de los asientos de atrás; la madre desnuda a los chiquillos, luego a su pareja, y cuando toda su familia queda sin ropa, se sube al techo del coche y realiza un fantástico streptease. Todos aplaudimos; también el conductor del autocar antes de morir por las heridas sufridas.
Besugos al horno
Una mañana espero turno en la pescadería y entra una atractiva mujer. Me pregunta si soy el último, abre el bolso que cuelga de su hombro, saca de él un consolador y me pide que se lo meta en su sexo para hacer más agradable la espera. Entre orgasmo y orgasmo, me confiesa que va a cocinar unos besugos al horno para la familia de su marido, invitados a comer en su casa.
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